
El viaje inesperado: Vuelta a la isla de Puerto Rico en un día
Cuando pensamos en aventuras, nuestra mente evoca imágenes de exploradores escalando montañas imposibles, navegando océanos desconocidos o surcando cielos infinitos. Sin embargo, no todas las hazañas necesitan un escenario épico para convertirse en una historia digna de ser contada. A veces, la mayor aventura puede surgir de lo cotidiano, transformándose en un viaje personal que redefine quiénes somos. Esto fue lo que me sucedió al emprender la vuelta a mi amada isla de Puerto Rico en motocicleta, en un solo día.
El llamado de la carretera
Todo comenzó en una noche común, durante la cena navideña de mi trabajo. Mientras disfrutaba de la compañía de colegas y amigos, recibí una invitación que cambiaría mi día siguiente: una ruta en motocicleta alrededor de la isla, organizada por el Club LAMA Lares y MotoLife Bikers. Sin pensarlo mucho, acepté el reto. Aquella decisión, tomada con el ímpetu de la emoción, se convertiría en una lección de vida.
Regresé a casa para preparar mi moto. Presión de llantas, niveles de combustible, herramientas, suministros y equipo de seguridad… pero más importante aún, preparé mi mente. Sabía que la jornada no solo sería un desafío físico, sino una prueba contra los miedos que acechaban en los recovecos de mi espíritu. ¿Era la voluntad suficiente para enfrentar lo desconocido? Esa noche, decidí averiguarlo.
La travesía comienza
A las 8:00 a.m., el rugido de motores marcó el inicio de nuestra aventura. Aunque salí de mi hogar en Aguada, partimos desde Añasco hacia el barrio Maní, en Mayagüez, de ahí hacia Cabo Rojo. Allí, entre valles y vistas que parecían pinceladas de un maestro, sentí la primera chispa de gratitud. Puerto Rico, con su mezcla de paisajes, es una obra de arte viviente.
Continuamos hacia Lajas, donde el misterio del “Ovni Puerto” añadía un toque de fantasía al viaje. En Santa Isabel, los molinos de viento se alzaban como gigantes quijotescos, recordándome que no todas las batallas son físicas; algunas son metáforas del espíritu. Cada kilómetro recorrido era un recordatorio de lo diverso y vibrante que es nuestro país.
Preparación para un sueño mayor: El Rally de Dakar
Mientras avanzaba por las carreteras costeras de Puerto Rico, entre paisajes que parecían postales vivientes, no podía evitar pensar en un sueño que me acompaña desde hace un tiempo: participar en el Rally de Dakar. Para muchos, este es un desafío casi inalcanzable, un monstruo que requiere no solo destreza sobre dos ruedas, sino también una voluntad de hierro.
Este viaje alrededor de mi isla, aunque modesto en comparación, fue más que una simple aventura. Fue un campo de entrenamiento personal, una prueba de mis capacidades físicas y mentales. En cada curva y pendiente, me imaginé recorriendo las dunas infinitas del desierto, enfrentando tormentas de arena y soportando temperaturas extremas.
El Dakar no es solo un reto físico, sino una batalla interna contra las dudas, los miedos y las adversidades. A mis 50 años, muchos considerarían que es un sueño descabellado, pero he aprendido que la edad es solo un número. Cada experiencia cuenta como un peldaño en mi camino hacia esa meta.
Desde pequeño, soñaba con aventuras grandiosas mientras leía a Julio Verne y veía a Jacques Cousteau explorar lo desconocido. Hoy, en cada kilómetro recorrido, siento que me acerco un poco más a mi propia epopeya moderna. Esta vuelta a Puerto Rico en moto no solo fue una experiencia inolvidable, sino una chispa que aviva la llama de mi sueño: algún día, enfrentar el Rally de Dakar.
El encuentro con lo inesperado
Pasamos por Salinas, Naguabo, Yabucoa,…,Rio Grande… donde la belleza de la costa y la majestuosidad de El Yunque me dejaron sin palabras. Sin embargo, no todo fue idílico. En Arecibo, la lluvia comenzó a caer. Las gotas, constantes y frías, se convirtieron en mi mayor desafío. La visibilidad disminuyó, y cada curva se tornó en un ejercicio de control y fe.
Fue entonces cuando ocurrió algo extraordinario: varios conductores formaron espontáneamente un escudo de vehículos alrededor de mi moto, lo que a mi percepción era como si estuvieran protegiéndome de los peligros de la carretera. Esa muestra de empatía, de humanidad en su forma más pura, reafirmó mi fe en las personas y me recordó que, incluso en los momentos más difíciles, siempre hay bondad a nuestro alrededor.
Lecciones desde el asfalto
Treinta y seis años después de leer mi primer libro de Julio Verne, entendí lo que él quiso transmitir: las aventuras no son solo sobre destinos exóticos, sino sobre el espíritu que nos impulsa a enfrentarlas. Mi recorrido no fue solo un desafío físico o un itinerario por la isla; fue un viaje hacia mi interior. Descubrí que:
- La voluntad es un motor poderoso. No importa cuán alto sea el obstáculo, la decisión de avanzar siempre estará en nuestras manos.
- El miedo puede ser tu aliado. Sentirlo no es debilidad, sino un recordatorio de que estás vivo y enfrentando algo significativo.
- La empatía transforma el mundo. Los gestos desinteresados de aquellos conductores me mostraron que nunca estamos realmente solos.
- La belleza está en los detalles. A veces, las vistas más espectaculares no están en postales, sino en los momentos simples y cotidianos que decidimos observar con ojos nuevos.
El final de una jornada, el inicio de un nuevo capítulo
Trece horas después, exhausto pero lleno de satisfacción, llegué a casa. Había completado mi vuelta a la isla, pero más que eso, había vencido mis propias barreras mentales. Lo que comenzó como un viaje inesperado terminó siendo una lección de vida que atesoraré por siempre.
Hoy, mientras comparto esta experiencia contigo, mi esperanza es que te inspires a buscar tu propia aventura, ya sea en una carretera sinuosa, en un libro olvidado o en una decisión que has pospuesto por miedo. La vida está llena de oportunidades para crecer, si tan solo tenemos el valor de decir “sí”.
(Escrito por un aventurero y neófito motociclista, pero apasionado por descubrir las maravillas de Puerto Rico y la vida misma.)
Definitivamente con ese final, lo dijiste todo. Siempre hay q buscar nuestra propia aventura sea cual sea y si es una aventura que pospusiste por algo, retomarla y llevarla hasta el final. Sigues mi filosofía que es mejor arriesgarse a un NO, que perder un SI por no intentarlo.
Mis respetos por esa asaña. Yo lo hice en carro y solo fue la mitad de PR. En motora debe ser otra cosa, sin contar lo que te encuentres en el camino por simplemente andar en dos gomas!
Este escrito ma sigue dando el pie forzado que necesito para mis planes futuros. Nos veremos Juntos en el camino Hermano!
Un abrazo!